sábado, 4 de enero de 2014




Todo es transitorio, efímero. Querer atrapar lo inatrapable es un sueño necio y mortificante. Querer prolongar lo que por sí mismo tiene que concluir es la quimera de la negligencia. En aceptar lo inevitable está parte del gran secreto. Sólo nuestro crecimiento espiritual es ilimitado. Por eso él nos puede atormentar, aún enloquecer, pero jamás defraudar por su limitación.

El yogui. Ramiro A. Calle


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